Entendiendo la zona de confort.

Yo no sabía ni por qué, pero actuaba como si mi vida no pudiera mejorar. Y no porque me sintiera genial en todos los aspectos sino porque creía que conformarme era la única opción.

Mi ignorancia crecía por el hecho de no hacer nada nuevo. Ni si quiera pensar diferente. Aún peor, lo sentía como si tampoco me interesase dejar de ser ignorante. No veía sentido a sacrificar mi comodidad, sin embargo, la realidad era distinta:

No era consciente, así que no veía más allá.

No me enfrentaba a las dificultades, sino que las evitaba. Me invadía la dejadez y casi todo era pospuesto para otro día.

¿Te sientes un poco identificado?

Resulta que me encontraba dentro de una burbuja. Lo que se conoce como zona de confort.

 

¿Qué es la zona de confort?

 

La zona de confort, o zona de comodidad, está formada por todo aquello que tu mente ya conoce y domina (pensamientos, comportamientos, actitudes, etc.) Es una rutina “cómoda”, percibida sin riesgos, y a la que estamos acostumbrados.

Es el lugar donde sigues siendo el que siempre has sido. Sin cuestionarte nada.

Nuestro cerebro está programado para que cualquier riesgo, incluidos los buenos, sean percibidos como una amenaza.

Prefiero  MALO conocido que BUENO por conocer, ¿te suena? 😛

En el peor de los casos, eso nos lleva a no cambiar nada, a evitar riesgos. Peor aún, a sentir que es lo único a lo que podemos aspirar.

Esta “comodidad” se basa sobre todo en la evitación. Por ejemplo:

  • No sabes lo que NO te gusta de tu presente. Pero evitas indagar, no vaya a ser que descubras que tu profesión no te gusta o que tu relación de pareja no tiene sentido.
  • No sabes cómo quieres que sea tu futuro. Igualmente, evitas reflexiones incómodas que puedan darte a entender que en realidad no estás haciendo lo que deberías.

La pasividad resultante de este estado va a dar lugar, con el tiempo, a que uno se empiece a sentir “aburrido”, provocando apatía, arrepentimiento y depresión.

 

¿Cómo sé si me encuentro en la zona de confort?

 

Vamos a pararnos y ser conscientes de todo lo que nos pasa por la cabeza, aunque pique. Ver dónde nos encontramos y hacia dónde vamos.

¿Cuáles son nuestras aspiraciones en la vida?

Necesitamos una visión.

Algunas de las auto limitaciones mentales más comunes que nos encierran en esta zona:

  1. Yo no valgo para eso, seguro que no llego a ningún sitio.
  2. No sería capaz de hacerlo perfecto, así que, mejor ni lo intento.
  3. No me arriesgo a hacerlo mal, así que no hago nada. No estoy dispuesto a que me juzguen.
  4. La vida son dos días. ¿Para qué cambiar ahora si estoy “bien”?
  5. Ya cambiaré más adelante…

 

Por ejemplo: Empiezas a hacer ejercicio a principios de Enero, después de la valiente resolución de año nuevo. Sin embargo, esto es lo que piensas tu primer día:

  • El deporte no es para mí. Me voy a lesionar.
  • Nunca voy a tener un cuerpo del que estar satisfecho.
  • No sé hacer los ejercicios y todos me miran y se ríen. Encima me dan calambres.
  • Además, llegas a casa, te miras al espejo y no sólo te ves peor sino que te sientes como una mierda.

¿Con qué reacción te identificas?

Reacción normal: Con lo “bien” que estaba yo sin hacer deporte. Ya lo intentaré más adelante.

Reacción de superación: Me da igual lo que cueste, voy a conseguirlo. Y además, puedo visualizar lo bien que me sentiré cuando ese momento llegue.

¿Cómo modificar la zona de confort?

 

Una vez que somos conscientes de todo lo anterior será más fácil actuar. Sin embargo…

 

No des un paso insensato, da un paso para explorar.

 

1º Fase: Explorar nuestros límites: conocernos.

 

¿Dónde están tus límites? Porque ellos definen tu zona de confort.

Tómate tu tiempo para conocerte y saber qué necesitas. Imagina que has decidido que quieres sentirte mejor con tu cuerpo. Has elegido el yoga como actividad para conseguirlo. No es la acción en sí lo que más va a motivarte, es el resultado: mayor bienestar.

Ya has dado el paso de pensar diferente y has programado una acción transformadora.

2º Fase: Breakdown zone o zona de retroceso.

 

Lo que más me hubiera gustado saber antes de salir de la zona de confort es que los pensamientos negativos de todo tipo son NORMALES. Son la primera resistencia que te encuentras.

Imagina que, por fin te has decidido a dedicar tu tarde libre para aprender a hacer yoga. Cuando han pasado varias horas y probado varios ejercicios, te sientes perdido ante lo desconocido y tu cerebro te bombardea con señales para que vuelvas a la comodidad. Quizá te haga pensar que eso del yoga es muy difícil para ti o que vas a necesitar mucha dedicación y no tienes tiempo. La mayoría de las veces van a ser limites mentales FICTICIOS.

Como ves, tienes dos opciones:

  • Te sientes empequeñecido y crees que no eres capaz.
  • Creer en ti y avanzar. Seguir aprendiendo.

En el caso 1, ya has vuelto a tu zona de confort. En el caso 2, has decidido empujar tus limitaciones y crecer.

3º Fase : Crecimiento.

 

Estás satisfecho por lo que has hecho y sientes una energía renovada. Has “vencido” a tu mente. Una vez que eres consciente de cómo funciona el cerebro, ya no te convence el placer instantáneo de volver a tu zona sino que buscas ese placer mayor que supone superarte y conocerte más.

Además, aprendes a tolerar el riesgo y el miedo a lo desconocido. Las neuronas que gestionan la incertidumbre se multiplican, tu cerebro genera más conexiones entre sus zonas, aumenta tu creatividad y tu inteligencia. SI, todo eso!

Y Además…

 

Lo mejor de abandonar la zona de confort, es que puedes volver cuando quieras.

¿Qué tienes que perder? 😊

 

Mi conclusión: Mente, Corazón y Conciencia.

 

A ver si me explico…

Necesitamos una mente para entender nuestro corazón, y una conciencia que los lidere.

Nuestra vida empieza con una mente conectada a un corazón, pero sin conciencia de conexión. Simplemente nacemos y fluye. Después, mente y corazón poco a poco se van separando y vamos sintiéndonos desconectados, sin sentido, pero todavía no somos conscientes.

La mente se acostumbra a estar desconectada, trazando así su propio camino de supervivencia. El resultado es un corazón ignorado. Es entonces cuando por esa incomodidad se desarrolla la conciencia, la cual va a tener que luchar contra una mente mal acostumbrada. La conciencia reclama justicia, porque quiere volver a sentir un corazón vivo y es por eso que cada batalla con la mente siente más sus latidos.

Esta es la razón por la que incómodas batallas sean necesarias para que tu mente entienda a tu corazón. De esta forma, la mente se acostumbra también a la batalla, y lo que empezó siendo incómodo es ahora placentero. Si la mente tiene una virtud es que se acostumbra, por lo tanto, el resultado de tales batallas, es una mente acostumbrada a escuchar a su corazón.

Tenemos así una conciencia liderando una mente con corazón.

Volviendo al tema principal, creo que salir de tu zona de confort te ayuda a desarrollar tu conciencia. Te ayuda a ver si tu mente está escuchando a tu corazón o no, y en consecuencia, te ayuda a saber qué es lo que verdaderamente NECESITAS para ser feliz y sentirte vivo.

YO, necesito crecer como persona y llegar a mi máximo potencial,

apreciando cada paso en el camino.

Resumiendo: a nuestra mente le gusta lo que es normal pero lo que es normal no tiene por qué ser lo que necesitamos. Y…

¿Tú qué necesitas que tu mente haga por tu corazón?

Por ejemplo, en mi caso no era normal:  tener curiosidad, reconocer mis fallos, aceptar las críticas, el aprendizaje continuo, el desarrollo de la conciencia, compartir mis emociones, sentir amor, gestionar mis miedos, tomar riesgos… y a mi mente no le gustaba.

Pero ahora sí lo es, porque así lo necesito y a mi mente le empieza a gustar.

El reto aquí consiste en cambiar lo que es normal para cada mente, en función de lo que uno necesita. De esta forma, mente y corazón potencian sus poderes y nuestra conciencia se desarrolla FELIZ.

 

“Cuando el corazón se enciende, la cabeza sigue el ritmo” Mario Alonso Puig.

 

¿Y tú, sabes ya qué necesitas?

 

fuente de foto aquí 

 

 

 

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